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EL
MILITANTE ACHÉ KUCHÎNGI
(LUIS DUARTE VAZQUEZ)
1932
(¿?) - 2002
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Philippe Edeb Piragi
Emiliano
Mbejyvagi
Gloria Scappini Meza
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El
Aché Kuchîngi, figura marcante y
emblemática de la lucha indígena en Paraguay, falleció en la tarde del sábado
3 de agosto 2002. Más conocido como el Prof.
Luis Duarte, fue promotor nativo de las primeras escuelas indígenas en
Paraguay y uno de sus más activos docentes.
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Este
incansable defensor de los derechos indígenas falleció como vivió : valiente,
sin apiadarse de su suerte ni entregarse fácilmente a las enfermedades que
empezaron a aquejarlo desde hace cuatro años; una septisemia hospitalaria,
secuela del derrame cerebral que lo derribó en mayo pasado, acabó por extirpar
la energía todavía extraordinaria que lo animaba, a pesar de sus más de 72 años
y las cicatrices indelebles que le obsequió el mundo de los Mberu o blancos...
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Los
restos de Kuchîngi fueron velados por sus 5 hijas, 26 nietos y 28 vicenietos,
fieles amigos, miembros del cuerpo docente y compañeros indígenas : entre
ellos, hermanos Aché y el actual presidente de la API. El más alto titular del INDI,
el Cnel (SR) Oscar Centurión, vino
personalmente para despedir al insigne luchador indígena.
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Sin
embargo, ningún de los circulos indigenistas oficiales estuvieron presentes o
expresaron alguna tristeza... ¿Olvido o...precio pagado por ser auténtico?
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Último
regalo del hombre blanco : el Prof. Luis
Duarte murió sin recibir su jubilación después de haber contribuido, con
45 años de labor continua y paciente, a la edificación de una enseñanza
dirigida a los más humildes : campesinos e indígenas del Paraguay.
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El
hombre civilizado ha surgido de manera prematura y sangrienta en el mundo de
Kuchîngi; los blancos irrumpen en el pequeño y silencioso campamento "guayakí"
del monte del Ybytyrusu, cuando él era un niño de 4 o 5 años; asesinan a su
madre, su padre, y lo llevan, despojándole - para siempre - de sus raices,
arrancándolo brutalmente del acogedor y prometido seno silvestre.
El
destino de Kuchîngi fue sellado trágicamente : amputado de una parte esencial
de sus origenes, quedará siendo un ser incompleto - ni enteramente Aché ni
plenamente paraguayo -, condenado a buscar eterna y dolorosamente su
propio espacio y una identidad.
Figura
indígena emblemática, Kuchîngi
lo es ya, sin duda, con su fuerza - fuera de común - por haber superado una 'condición
infrahumana' que ha sido el destino de cientos de niños aché raptados, como él,
por cazadores paraguayos; un viaje al infierno desde donde muchas de esas pequeñas
presas humanas nunca regresaron, ni físicamente, ni tampoco indemnes de
disturbios emocionales y psicológicos.
Para
quienes han conocido a Luis Duarte Kuchîngi, su nobleza y su generosidad, su
templanza y su fortaleza, su optimismo y su
alegre temperamento, es difícil imaginar la realidad y la dimensión de la explotación
ecónomica, los maltratos y ultrajes que
sufren, en forma casi sistemática, los menores Aché raptados, sean niños o
niñas.
¿Pudo
acaso Kuchîngi salvarse de tales maltratos, como podrían darlo a pensar unas
de sus palabras públicas, y encontrar una
verdadera "familia adoptiva" ?
Podemos
dudar. No escapa a las heridas de ser vendido por un par de zapatos a los cinco
años, y luego comprado a cambio de un novillo por un pudiente matrimonio
paraguayo de Tava´i (Caazapa), cuya rama masculina es adicta a la "caceria
de guayakíes" : el hermano de José
Maria Duarte "padre adoptivo" de Kuchîngi, es cazador profesional
y morirá en el curso de una de estas cacerias humanas. Además, Kuchîngi será
criado con otra niña aché menor, prófuga en dos ocasiones a raiz de los
tormentos infligidos por este "padre-comprador"; al final, un típico
dueño de cautivos Aché.
En
realidad, las confidencias más intimas de Luis Duarte no cesarán de confirmar
la existencia de un trauma, los sufrimientos de una persona que fue sometida a
humillaciones indecibles; una víctima que intentará - toda su vida - olvidar y
conjurar los demonios de su pasado, hasta por medio de la reescritura de su
historia personal : el poema "soy un Guayakí", Luis Duarte ya adulto
lo escribirá ante todo para él mismo.
"Hoy miro el pasado y no tengo
rencor para quienes del seno de mi madre me arrancaron,
y no tengo rencor para quienes aún no
comprenden que ser indio no es un deshonor"
(extracto
de "soy un Guayakí")
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A
los 13 o14 años, Kuchîngi viene a Asunción después de la muerte accidental
de su madre adoptiva Maria Gabriela
Vazquez, para entrar en el colegio San José. Su refugio precoz y prolongado
en la religión lo salvará. Esta educación católica que lo llevará como
seminarista hasta Buenos Aires, explica fundamentalmente los sentimientos
ambivalentes que Luis Duarte siempre manifestó respecto a su "papá"
blanco, donde dominan clemencia y perdón cristianos.
Kuchîngi
tiene 21 años en su hogar bonaerense. Está a punto de iniciar un viaje de
"prueba vocacional" a la India...cuando José Maria Duarte muy enfermo
y arrepentido lo llama a su cabecera. Es la señal que Luis Duarte, atormentado,
siempre esperó, el pretexto que necesitaba para volver a este Paraguay
que, en el más profundo de su ser, se negaba a abandonar.
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De
vuelta en Paraguay en 1953, Kuchîngi emprende una acción educativa a favor de
los más desheredados y necesitados del Paraguay rural : enseña en la escuela
improvisada de "Dolores" en Yuty (1953-54), y luego de "Itá-Anguá"
en Tava'i (1955-57). A cambio de sus servicios, recibe un poco de comida, una
gallina a veces; nunca se niega a instruir voluntariamente si es necesario.
Aquí
conoce a la catequista María Bartolomé
Medina y se forja una certeza : el deseo vital de fundar una familia a fin
de ser, para sus futuros hijos, el padre lleno de afecto y de amor que nunca
tuvo. Se casa en 1956 con María, madre de sus cinco hijas, fiel y única compañera
de todas sus luchas.
En
el Paraguay de entonces, de los primeros años al poder del dictador Alfredo Stroessner,
los derechos indígenas no existen. La zona de Tava'i donde Luis Duarte seguirá
oficiando como maestro hasta 1967, es el centro de la trata de
Guayakíes.
En
1960, el Gral. Ramón César Bejarano
denuncia en El País (15 de febrero), la existencia de 22 esclavos Guayakíes sólo
en este districto.
Desde
1959, valerosos antropólogos e indígenistas, entre ellos Cadogan, Miraglia, Luis
Albospino y Chase Sardi, no cesan de denunciar
en la prensa local y asuncena (la Tribuna, El País, Comunidad, Ñandé...)
la esclavitud guayakí y sus mercados en los departamentos de Caazapá y del
Guairá especialmente.
En
1960, una tropa moribunda de treinta Aché sureños acepta abandonar
definitivamente el monte e instalarse sobre las tierras del sargento Jesús
Manuel D. Pereira en Arroyo Moroti (Caazapa) : la primera colonia Aché-Guayakí
acaba de crearse, recibiendo el nombre del entonces ministro de Defensa Nacional,
el Gral. Marcial Samaniego.
Si
faltan datos precisos sobre este periodo de la vida de Luis Duarte, podemos sin
dificultad deducir que para él fueron años críticos : enredado en sus guerras
personales - pero legítimas - por existir, Kuchîngi mantiene una distancia
prudente con la causa de los esclavos Guayakís, se preserva todavía de todo
intento de identificación y empatía para con ellos.
Sin
embargo, el Gral. Samaniego lo nota por sus cualidades intelectuales y su labor
destacada en la enseñanza. Empieza a solicitar su ayuda, lo que permite a Luis
Duarte descubrir la primera colonia Aché...
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La identidad
Aché
reencontrada |
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Podemos
situar en 1968 el giro decisivo que propulsa a Luis Duarte en el combate
indianista, cuando el General Samaniego le propone de trasladarse a la Colonia
Fortuna de los Avá-Guaraníes en Curuguaty. Luis acepta este nuevo desafio de
un trabajo educativo en un contexto indígena. Se esfuerza levantando, durante 2
años, la primera escuela nativa
de la región oriental reconocida
por la dictadura militar.
Su
trabajo entre los Avá-Guaraníes se transforma en revelación : Luis se abre a
la complejidad de la problemática indígena y traza, poco a poco, el sendero
que lo llevará hacia la plena aceptación y construcción de su identidad
autóctona.
Durante
1973 y 1974, Luis Duarte entra en contacto más directo con los Aché del Norte,
en el momento del dramático proceso de su sedentarización forzada. El padre
verbita Nicolás Da Cunha junta a los
Aché recién sacados del monte y dispersos en las estancias de la zona de
Curuguaty, para fundar una nueva colonia en Arroyo Manduvi (Alto Parana). Luis lo apoya en este difícil emprendimiento y enseña ahí durante un año.
En
este contexto sinistro de muertes y sufrimientos infligidos al pueblo aché por
las epidemias y locura criminal del hombre blanco, Luis Duarte recibe el otro
choque que acaba de revelarlo a sí mismo : los Aché lo reconocen como uno de
ellos, con profundo y emocionante afecto. Desde ahora en adelante, Luis Duarte
no cesará de considerarse y afirmarse como un miembro de la etnia Aché.
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El militante de
los Derechos
Humanos e
Indígenas |
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Con
la aceptación orgullosa de sus origenes Aché, Kuchîngi se libera poco a poco
de sus cadenas : se convierte en un militante activo de la causa indígena, que
protagonizará todos los combates cruciales y los avances significativos en la
defensa de los derechos indígenas, durante la dictadura militar.
Se
vuelve una de las principales figuras indígenas del Proyecto Marandú iniciado
en 1974. Es nombrado Secretario General del Consejo
Indígena y luego de la Asociación
de Parcialidades Indígenas (API)
como pasa a denominarse, en terminos más ambiguos, bajo las intimidaciones de
los militares. La dictadura, en efecto, no se equivoca sobre la significación
de Consejo Indígena
: confederar las 17 etnias, estructurar un órgano político de
decisión, centralizador e incontestado, para que superen sus divisiones
historicas y separaciones geopóliticas, para que reflexionen, maduren juntas,
hablen de una sola voz y establezcan, consensualmente, su proyecto de construcción
de una sociedad multi-étnica....es un programa vanguardista, demasiado
sulfuroso para el gusto de los militares.
Lo
sigue siendo para todo gobierno paraguayo hoy en día...
Kuchîngi
persigue advocando por la defensa de la dignidad humana. A sus ojos, el rescate
de los Aché cautivos es central y domina todo su combate. Al final de los años
setenta, es protagonista esencial de la búsqueda y protección de los Aché
raptados, viviendo en la ignorancia de sus origenes : Kuchîngi permite a muchos
de ello(a)s, adolescentes o adulto(a)s, regresar a las colonias Aché y
reencontrar a sus familias.
En
1978, Kuchîngi descubre tambien las luchas hermanas del continente,
participando en encuentros con otros dirigentes y profesionales indígenas en la
República de Panama y Mexico.
Esta
experienca enriquecedora marca y orienta profundamente la reflexión y acción
de este militante indígena ejemplar, pero se quedarán infelizmente trabadas
por culpa del marco esclerosante y
de las limitaciones innegables de muchas luchas autóctonas en Paraguay, "sectoriales"
y manipuladas.
Kuchîngi
es, sin duda, uno de los pocos nativos en demonstrarse conciente de la
emergencia de promover la salud familiar y comunitaria; de construir nuevos
modelos de servicio médico y sanitario, fundamentados en la responsabilidad, la
participación y la autogestión de los indígenas.
A
fin de estimular el diálogo y la cooperación entre las Instituciones
Nacionales de la salud y las organizaciones o comunidades indígenas, Kuchîngi
se desempeña, de 1986 a 1990, como funcionario del Ministerio Salud Pública.
Es
preciso recalcar el legado decisivo de Luis Duarte a la educación indígena
comprometida. Siempre buscó intensificar y fortalecer la instrucción a favor
de sus hermanos de las regiones oriental y occidental : entre 1975 y 1976, funda
la escuela "Salazar" con los Angaite del Chaco. En 1979, retoma la
enseñanza en la Colonia Fortuna de Curuguaty. En 1982, regresa al Chaco, a la
escuela Sanapana y Angaite de "Diez Leguas" (Pdte. Hayes).
A
partir de 1991, trabaja en la Supervisión de Educación Indígena del M.E.C
como coordinador del Paraguay Oriental
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| En 1998, Luis Duarte Kuchîngi
tiene 66 años. A causa de su diabetes, sufre problemas de vista. En muchos
otros países, Kuchîngi hubiese sido tratado con consideración y respeto, y
recibido su jubilación...bien merecida.
En
Paraguay no : la Dirección de Escuelas indígenas del M.E.C., intrigó para
hacerlo firmar su
renuncia al Pr. Luis Duarte, y retirar este "viejo indio inutíl"
de la planilla. En el espacio de una firma robada por el engaño, a Kuchîngi se
le ha borrado administrativamente 45 años de buenos y leales servicios a favor
de una sociedad paraguaya...bastante desagradecida.
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[publicado
en la pagina Cultural de La Nación, N° 367, el 25 de agosto del 2002]
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* Estudiante de Antropologia
en Francia, socio benefactor de LINAJE
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